Tránsfugas oportunistas

La fragmentación partidista, ideológica y política por el transfuguismo electoral retribuido, es un serio problema que actualmente enfrenta nuestra democracia.

Por Olga Armida Grijalva

Sin duda este proceso electoral es inédito en muchos aspectos, en el espectro político electoral aparecieron con mayor auge los candidatos independientes, aunque algunos no tan independientes, dado que la convicción no es una prenda que se quita o se ponga, es un proceso interno deliberativo que conlleva despojarse de la ideología partidista para proclamarse independiente.

También dentro de lo inédito está la precandidatura independiente de una mujer indígena. Aparecieron también los tránsfugas oportunistas mejor conocidos en la jerga política como chapulines, esta figura no inédita dado que este fenómeno es recurrente en cada proceso electoral, tanto local como  federal, para muestra de ello el regreso del senador Javier Lozano a su casa de origen, primeramente priista, luego panista, hoy otra vez priista, y muchos otros y otras chapulines más.

Lo que es de llamar la atención en la carrera presidencial es el abandono de las filas de Acción Nacional de la senadora Gabriela Cuevas, para cobijarse a la sombra de Morena o más bien dicho de López Obrador, aquel populista, autoritario, ignorante, retrógrado, nacionalista trasnochado y muchos adjetivos más que le adjudicó a López Obrador cuando en Acción Nacional le ofrecían    atractivas candidaturas a puestos  de elección popular haciendo una carrera vertiginosa en las filas de ese partido.

En política sin duda se requiere de una dosis de pragmatismo, dado que no se convive con ángeles celestiales, pero de ahora, a decir de la Senadora que se une al movimiento plural convocado por el líder de Morena, y de persistir en la lucha por una democracia más justa y libre, a eso se le llama PRAGMATISMO RAMPLÓN,  así con mayúsculas.

¿No le bastaron los 18 años  para darse cuenta de que con la llegada del panismo al poder político no se dio una transición democrática? ¿No recuerda que Fox se entregó al viejo priismo sin haber movido una sola pieza de la anquilosada estructura política? ¿No recuerda que Calderón ganó la Presidencia de la República “haiga sido como haiga sido”, coludido con lo más nefasto del sindicalismo magisterial, artífice éste, del robo de la Presidencia aquel primero de julio de 2006?

¡Que es de sabios rectificar!…. sí, por supuesto, pero para ello hay momentos y formas ¿Por qué, esta decisión no la tomó cinco años atrás cuando el mismo López Obrador convocó a un movimiento de regeneración nacional, y lo hace cuando en pleno proceso electoral su partido ya no le dio la oportunidad de colgarse de la siguiente liana? A esto  se le llama TRÁNSFUGA OPORTUNISTA, no demócrata.

De haber atendido democráticamente el llamado de inclusión de López Obrador, debió primero no condicionarlo a obtener una candidatura plurinominal en el Congreso de la Unión, que le permitiera seguir siendo presidenta de la Unión Interparlamentaria hasta el 2020, esto se le llama vulgar TRUEQUE, así también  con mayúsculas.

¿Se le apuesta a un proyecto de nación o a un proyecto personal?

En el marco cultural de nuestro país “hacer política a la mexicana” es ir por otro partido cuando el suyo no lo presenta a las elecciones, constituye en la actualidad una práctica común del juego político mexicano.

La fragmentación partidista, ideológica y política por el transfuguismo electoral retribuido, es un serio problema que actualmente enfrenta nuestra democracia.

El transfuguismo, es parte de la forma de hacer política, es decir, cambiarse de partido, ofrece la posibilidad de ganar el poder, en ese sentido la deslealtad, la traición o la disidencia partidista son rentables. Presentarse con otras siglas a la elección y romper, por ende, con el partido que los formó, es para muchos atractivo,  por un triunfo asegurado.

¿Es válido o no prohibir que los militantes de un partido participen políticamente como candidatos de otros partidos rivales, cuando se puede apelar a las libertades y derechos fundamentales que garantiza una democracia? Formalmente será válido, pero ética y moralmente no, sin embargo, si en la actualidad se le ha quitado a la democracia su dimensión ética y al derecho su dimensión moral, podemos esperar más por delante que grandes figuras políticas, al ver que su barco se hunde engrosen las filas del transfuguismo electoral. Al final lo que importa es la democracia cuantitativa que se mide en las urnas sin importar la democracia cualitativa que se mide en el ejercicio del poder político.

Al final el pueblo paga los platos rotos.

 

 

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