Elecciones 2018: entre la spotización y el hartazgo ciudadano

Los mexicanos deberemos estar preparados para recetarnos 55.6 millones de spots en radio y televisión.

Por Jesús Moreno Durazo

Las campañas electorales en televisión nacieron en Estados Unidos a finales de 1950. De esta forma se inaugura “la caja chica” como medio de comunicación política que se mete, literalmente, hasta la cocina de las masas –y de las mesas- norteamericanas.

Es ya en la década de 1980 que la práctica evoluciona y surge una fusión del anuncio comercial, la ficción, el documental, el videoclip, la parodia o el espectáculo deportivo o musical, con el objetivo central de llegar a los diferentes perfiles de los votantes.

Dejo a consideración del lector este par de datos a manera de antecedente de lo que se ha convertido en una forma de “comunicar” ideas y “propuestas” y que ha motivado la discusión en México y, para muchos, ha contribuido a crispar el ánimo social e incrementar el hartazgo ciudadano hacia políticos y partidos.

Pero vayamos por partes.

Más de 55 millones de spots en radio y televisión

En este proceso electoral de 2018, los mexicanos deberemos estar preparados para recetarnos 55.6 millones de spots en radio y televisión. De éstos, 33.3 millones serán para los partidos políticos y sus candidatos y el resto serán utilizados por las autoridades electorales (INE, Fepade y Tepjf), con el objetivo de crear conciencia entre la población de sus derechos y obligaciones como ciudadanos y votantes.

La cifra total de spots representa un incremento de 27% respecto a la elección presidencial de 2012, cuando se emitieron 43.7 millones de mensajes.

También hay un incremento importante en comparación con la última elección federal, la de 2015. En aquel año, las estaciones de radio y televisión trasmitieron 32.4 millones de spots para 18 elecciones (una federal y 17 locales), lo que equivale a que entre ambos comicios aumentó 71%.

Solamente en esta etapa de precampañas (simulación pura de la que hablaremos más adelante), los partidos políticos pautarán 11 millones 184 mil mensajes en radio y televisión para promocionar a sus precandidatos y sus propuestas, los cuales, sumados a los que tendrán las autoridades electorales, dan un total de 17 millones 919 mil spots sobre los comicios en los próximos 60 días. Insisto, esto solamente en la etapa de precampañas.

De acuerdo con el INE, la distribución es la siguiente: el PRI tendrá acceso a dos millones 852 mil anuncios en radio y televisión, mientras el PAN podrá hacer uso de dos millones 155 mil spots.

A su vez, el PRD podrá emitir un millón 291 mil anuncios; Morena, un millón 79 mil; el Partido Verde, 958 mil; Movimiento Ciudadano, 889 mil; Nueva Alianza, 687 mil; Encuentro Social, 653 mil y el Partido del Trabajo, 615 mil spots durante las precampañas.

No hay duda: estamos en plena época de spotización de la política.

No he escuchado a un solo ciudadano que me diga que está contento o que pone atención a los millones de anuncios a los que está expuesto, y mucho menos que señale que dichos mensajes se convierten en determinantes para moldear su cultura política o para definir su voto el día de la elección.

Al contrario, es frecuente escuchar reclamos y hartazgo hacia un modelo de comunicación política obsoleto y que debió revisarse hace algunos años. O quizá no debió haberse implementado.

La farsa de las precampañas

El más reciente estudio de Latinobarómetro reveló que solamente el 18 por ciento de los mexicanos está satisfecho con el funcionamiento de las instituciones democráticas. Y de estas instituciones, los más dañados son los partidos políticos: solo 9 por ciento dice tener mucha o algo de confianza en los partidos; el resto los reprueba.

Ante este panorama –sin duda conocido por las dirigencias partidistas- uno habría esperado alguna reacción de creatividad para detener la ilegitimidad que les caracteriza. Sueño guajiro, por supuesto.

En este mundo del absurdo en el que se ha convertido la política mexicana, resulta por demás insultante este atosigamiento de spots en esta farsa que se ha dado en llamar precampañas.

Sí, se trata de la presentación de los candidatos presidenciales –desde el pasado 12 de diciembre- sin tener contendientes internos en las respectivas coaliciones que encabezan. Es decir, ¿cuál es el sentido que Meade, Anaya y López Obrador realicen “precampañas” si nadie les disputa su candidatura?

A las cosas hay que llamarlas por su nombre: en lugar de tener tres meses de campaña, como lo marca la norma, tendremos cinco.

Entre otros asuntos, además de los tiempos, vale la pena detenerse en uno fundamental: el del dinero. Y es que únicamente para precampañas, el INE autorizó a los partidos 200 millones de pesos (esto, además de los más de 11 millones de spots entre el 14 de diciembre y el 12 de febrero).

Parece pronto aún para determinar con precisión el resultado de esta avalancha de spots sobre el resultado final de la elección. El 2018 se juega con estas reglas y no hay para dónde hacerse. Sin embargo, por la víspera podemos ir sacando el día.

 

 

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