1

Credibilidad y prestigio

Por Juan Carlos Zúñiga

Me caló, de veras, leer un post del escritor Imanol Caneyada en Facebook. Hace 20 años asesinaron a Benjamín Flores González en San Luis Río Colorado, director del periódico La Prensa, en donde documentó la colusión de políticos con el narcotráfico. La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) señaló innumerables veces la actuación fallida de la Procuraduría General de Justicia de Sonora (PGJE), que liberó a los asesinos materiales confesos del periodista.

El periódico “La Prensa”, de San Luis Río Colorado, en 1997 ya olfateaba lo que pasaría en México años después: “los reporteros”, como bien escribió el periodista recientemente asesinado en Culiacán, Javier Valdez, “están en medio de dos o tres fuegos: los narcos de un lado y de otro, y el gobierno ausente, cómplice y corrupto”.

Nos volvió a pasar con Alfredo Jiménez Mota, quien en 2005 publicó una serie de reportajes en El Imparcial, documentando con “pelos y señales” sobre la operación de células del Cártel de Sinaloa en nuestro Estado y la colusión con las autoridades.

Alfredo, de 25 años, desapareció el 2 de abril de 2005, sin que las autoridades hayan dado con su paradero.

Y digo que me caló el comentario de Imanol porque estos dos antecedentes fueron una advertencia de lo que se venía y me queda claro que la impunidad es el combustible para que México se haya convertido en un país donde matar periodistas es prácticamente un deporte. Van siete tan solo en este 2017 y 36 a lo largo del sexenio del presidente Enrique Peña Nieto.

“No le hagamos el vacío. Que su muerte no sea inútil, como la de Benjamín Flores”, escribió Caneyada en Facebook.

Celebro las iniciativas nacionales y locales de quienes inspirados en Javier Valdez han propuesto foros de debate y análisis sobre la situación del periodismo en México, porque hay que discutir lo que sigue, el silencio no puede ser opción, y la conversación la tenemos que hacer los periodistas.

Y es que al Gobierno no le importa, ni va a hacer nada, y la sociedad civil está ocupada en sus propios dramas.

Cuando Javier Valdez habla de que los reporteros están en medio de dos o tres fuegos: el narco, de ida y vuelta, y el Gobierno, yo le agregaría que los comunicadores también estamos vulnerables frente a algunas empresas periodísticas, que se acomodan al poder independientemente de quien lo detente.

Por ello, creo, la única salida es reforzar la solidaridad del gremio, porque si algo nos caracteriza a los periodistas es que estamos desunidos en temas fundamentales como la defensa a la libertad de expresión. Debemos hacer una autocrítica profunda sobre la relación del periodista con el poder y un replanteamiento ético sobre nuestra labor.

Apenas el pasado 29 de marzo, Javier Valdez y un centenar de periodistas sinaloenses protestaron frente a la Catedral de Culiacán, por el homicidio de Miroslava Breach, reportera asesinada en Chihuahua.

“A Miroslava la mataron por lengua larga. Que nos maten a todos, si esa es la condena de muerte por reportear este infierno. No al silencio”, escribió Valdez desde su cuenta de Twitter, tras el crimen de la periodista.

Es duro leer esta sentencia de Valdez. Yo espero, y creo que él también lo esparaba -porque a pesar de todo era muy optimista- que se equivoque.

Insisto, la única forma de blindarnos es la solidaridad del gremio y un punto de partida puede ser asumir los ideales con los que nació en febrero de 2003 el semanario Ríodoce:

-Enfocarnos a los grandes problemas que vive la entidad, basados principalmente en la investigación y desde una perspectiva crítica.

-Marcar una distancia clara respecto al poder.

-Apalancarnos de la sociedad civil, de gente que todavía sueña y cree en sus sueños. De gente cansada, harta; gente con aspiraciones de trascender; gente que sabe que tiene algo qué dar y lo ofrece sin más interés que sentirse bien.

Apalancarnos, agregaría yo, de personajes como Javier Valdez, que cuidó lo más valioso que puede tener un periodista: su credibilidad y prestigio.

 

Posted in Opinion.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *