Bienvenido a la era del talento

Por Mario Wong González

Si tu ventaja competitiva es el conocimiento, tu mayor competidor es Wikipedia

Lynda Granton, London Business School

A pesar de los altas y bajas del entorno económico, y de los cambios tecnológicos, la presión competitiva siempre se mantiene constante en el mundo empresarial.

Este hecho convierte al talento como un activo estratégico de las empresas, y paradójicamente el talento queda relegado en segundo plano durante crisis económicas, y es en ese momento cuando más se necesitan mejores profesionales para sacar adelante a la empresa.

La época industrial fue un periodo de escasez de oferta. Lo difícil no era ni vender los productos ni encontrar trabajadores, sino conseguir capital económico. Quien tuviera dinero y una pequeña dosis de sentido común tenía casi garantizado el éxito empresarial.

Hoy en día, el panorama ha cambiado radicalmente. Es más fácil conseguir capital para adquirir máquinas, etcétera. El recurso económico dejó de ser el único requisito para garantizar la competitividad de la empresa. La tecnología, la globalización y la extensión del sector servicios han convertido al trabajo no cualificado en un factor de producción secundario y han cedido el protagonismo al talento.

En los próximos 10 años las máquinas harán gran parte del trabajo humano. De acuerdo con la Universidad de Oxford, 47% de los empleos de Estados Unidos están amenazados por la automatización. Lo cual intensifica la competencia por el talento. En los próximos 5 años una tercera parte de lo que se lleva a cabo en las sociedades podrán hacerlo las máquinas.

Los trabajos que la automatización o máquinas no podrán reemplazar serán aquellos que requieren habilidades y cualidades personales importantes. Como empatía para persuadir y trabajar bien con otros, actitud positiva, habilidad de reaprender, porque el cambio no es opcional, adaptabilidad. Habilidades de liderazgo, pensamiento creativo, disruptivo y adaptativo, además de la importancia de trabajar en equipo. Compromiso y responsabilidad entre otros.

La era de la especialización está llegando a su fin, porque cuando no se puede dar respuesta a los problemas actuales, es necesario encontrar nuevas soluciones.

Hemos pasado de la exigencia de la fuerza muscular a profesionales que tengan que poner en juego sus capacidades y habilidades para hacer realidad la misión y visión de la empresa; es decir, el talento.

Por muchos años las instituciones educativas se han enfocado en enseñar conocimiento, en hacer más instruidos a sus alumnos, ha sido la educación tradicional, la cual no significa que sea algo malo. Pero el conocimiento no representa actualmente una ventaja competitiva en el mundo empresarial, sobre todo en el nivel directivo, pues no se necesitan ejecutivos que sepan mucho, en todo caso Google y otros buscadores serían la mejor alternativa; se necesitan ejecutivos capaces de hacer, de la acción directiva, de convertir en realidad los objetivos de la organización, y esto significa profesionistas talentosos.

Un buen directivo no es aquel que tenga mayor cantidad de conocimientos, es aquella persona capaz de tomar buenas decisiones, y de dirigir eficazmente a su personal, capaz de innovar, de crear valor e incorporar talento a la empresa. A la obtención de mejores resultados. Es decir, talento=resultados, y el talento es algo que no se aprende técnica o teóricamente.

Hoy más que nunca el conocimiento queda rápidamente obsoleto. Los rendimientos de los profesionales con talento se distancian cada vez más del resto; rompen el statu quo de las organizaciones, las transforman y las reinventan. Y su interacción con otras personas permite alcanzar resultados superiores e incrementa el talento de las personas con que colabora.

La gestión del talento en las empresas es una labor compleja y sutil, cuyos ingredientes imprescindibles son saber identificarlo allí donde se encuentre, captarlo, desarrollarlo y retenerlo. Hay empresas que son buenas captadoras de talento pero después no consiguen desarrollarlo o retenerlo.

Las empresas necesitarán en el futuro de verdaderos “Gestores de Talento”, encargados de atraer a los mejores, motivarlos y lograr su compromiso. Sus actividades serán radicalmente distintas de las tradicionales del director de Recursos Humanos. Mientras que el perfil tradicional de este último se centra en las normas, procedimientos o sistemas de gestión, el gestor de talento se dedica a todas las políticas implicadas en la construcción del compromiso.

Los profesionistas con talento representan la mejor ventaja competitiva de las empresas y sus resultados difieren cada vez más del resto.

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